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sábado, 6 de septiembre de 2008

CAFÉ LITERARIO LUZ Y LUNA, ACTIVIDADES SÁBADO 30 DE AGOSTO, LELIO GURRUCHAGA, ROSARIO

LELIO GURRUCHAGA


La gran metáfora

Quizás amada, no te sorprenda saber
que te amo desde la infinidad,
confín donde el amor por ti
es la gran alegoría enlazada en la hiedra.

Variante mítica del juego del amor,
nace a partir del instante
que tu mundo planetario,
comenzó a ser mi universo.

Es natural que te ame así,
ya que hacerlo es mi genialidad,
suerte del querer generalizado
en el gen del amor.

Pabilo encendido quedado en más,
acrecienta la belleza de tu figura,
simplemente observándote desnuda,
bendecida por ese don mágico de mujer.

Taller que transforma el amor
en síntesis de la creación,
sumada en todas sus partes
a la manera total del gozo.

La gran metáfora eres tú, amada mía,
eres la poesía, mi poesía,
a la que el rocío baña,
con el prodigio de tu hermosura.

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Mis pensamientos

Deberías saber lo que dicen de ti mis
pensamientos, peregrina de un numen,
deberías oírlos y empapar tu piel
con sus flores hechas fragancias.

Penetran el espíritu de mis versos
con el soplo suave de la brisa;
y al lucero de la mañana persuaden
a bañar de resplandor tu simétrica belleza.

Larga dulzura crean para entender la dicha,
hablan de tu silueta en madrugada,
de como tus ojos en el mareo del deseo,
incitan al amor libre, sin pudor.

Opinan que eres una
sutil mariposa multicolor
por el alba sorprendida, compartiendo
la floral transparencia de tu joven avidez.

Anuncian la imposibilidad de renunciar a ti,
mi corazón quedaría envuelto en una
ciega llamarada, solicitando el favor del amor
con importunidad y hasta con humillación.

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William, espero que te sirvan con afecto Lelio.

sábado, 16 de agosto de 2008

LELIO GURRUCHAGA, ROSARIO, ARGENTINA, café literario LUZ Y LUNA, actividades julio

En busca del milagro

:: Libro: Lecho de piedras labradas ::


Me ahogo en sombras esparcidas
por el recuerdo de tu ser de escarcha,
al igual que barco fantasma navego
sobre historias muertas caídas de bruces.

Resucitarlas insisto en busca del milagro
erguido sobre mi memoria latente,
descubrir el instante que macera
el gris del último relente.

Descubrir la pálida blancura
que estrenaba aquella noche,
tu piel de aterciopelada magnolia
para el asombro de mis manos.

Es imposible penetrar
el húmedo cielo que apagó la luna,
siendo llamas mis sienes
y mieles apretadas la primavera.

El desvelo crece
en mi jardín cubierto de rocíos,
lumbre a tu inmaterial presencia,
quijotada de una esperanza.
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Diosa

:: Libro: Lecho de piedras labradas ::


desciende de lustrales moradas,
con colores de espigas maduras
a encrespar mi noche de soledad.

Lúbrico cuerpo desnudo,
profético, anuncia evo de gala,
exacerba de la pasión el sentido
que en mi poema se prolonga.

Sensual azul crea jauría
de apetencias, en los confines
donde el amor da matices,
a los pétalos de una rosa roja.

Beso de noche con presentimiento,
da música de cítara al rozar
la piel de una mujer hecha Diosa,
en el Olimpo de brillo astral.

Jadeo en los suspiros,
garbo de amor en délfica gracia
tu cuerpo, pertenencia
de mi deseo, es sólo una espera.

Contigo creo las horas
que nunca dan disgusto,
tu deidad atrae a la luna misma
olvidada de su pompa en plenilunio,

a jugar con nosotros coronada
de azucenas perfumadas,
en tu cuerpo mis manos excitan
invención de artífices en alas de la brisa

sábado, 5 de julio de 2008

VINO A DESPERTARME Lelio Gurruchaga

Una estrella vino a despertarme,

la noche estaba en mi pieza

reluciente y conmovida por la ausencia,

oraban por mí, sólo los fantasmas del amor.



Amada mía, con qué tardanza

encontraste los senderos del regreso;

ávida mi boca con pasión te besa,

en la oscuridad como abrigo.



Golosa de amor toma posesión

de ti, se enciende cual luminaria;

etéreo en el aire murmura tu silencio,

ámame, te necesito en mi soledad.



No digas nada, amor,

para entender me basta tu cuerpo

que desea mi ser y mis tristezas,

como quien espera indulgencia.



El ansia crece juntamente con la luna

los viejos placeres ya están en su lugar;

la culpa no fue tuya, no fue mía,

nos quemó el fuego de un desencuentro.



LELIO GURRUCHAGA